
Peli Lekuona Arruabarrena. Kepa Ordoki - Memoria HIstorikoa Bidasoan.- En el Ayuntamiento de Irun es habitual hacer de avestruz. Quedan sin respuesta las dudas críticas de la ciudadanía, agentes y medios de comunicación. Ejemplo de ello son las ruedas de prensa y los comunicados de prensa que han quedado en el camino en torno al OCR o las denuncias sobre el concierto de Henry Méndez. Las dudas que pueden ser evidentes no reciben respuesta. Entonces, ¿qué es más apropiado? ¿Aprovechar los cauces formales o armar revuelo?
Quién sabe dónde va a estar la respuesta a la queja, pero Kepa Ordoki – Memoria Histórica Bidasoan eligió la primera opción en abril. El motivo de la queja fue la propuesta de poner a un espacio de la ciudad el nombre de Josefina Urtizberea. Y es que, alegando ser «pionero» en el mundo del emprendimiento, quieren firmar una plazoleta de Irun con el nombre de la jefa de la agencia de aduanas “Viuda de A. Fernández e Hijo”. Se ha explicado a la sociedad que fue un referente internacional en la importación de automóviles. Sin embargo, en esta propuesta, que puede tener luces y sombras, han quedado relegadas todas las sombras: Cuando vivía en Cuba, Josefina Urtizberea tuvo esclavos en su servicio doméstico y apoyó el movimiento tras el golpe de Estado de 1936.
Urtizberea conoció al funcionario de aduanas Andrés Fernández en Cuba y llegaron a Irun en 1888, abandonando la casa de Cienfuegos. Los artículos en torno a esta ruta confirman que «el matrimonio Urtizberea-Fernández tuvo esclavos en servicio doméstico». Esto se asegura de que esté «documentado». Aquí podríamos dejar este escrito. Cualquier administración pública o ciudadanía en el año 2026 no ofrecería reconocimiento a cualquiera que haya tenido esclavos subordinados. En Irun ha habido intención de hacerlo.
Además, la contribución económica realizada por la agencia aduanera «Vda. A. de Fernández» durante el golpe de Estado de 1936 es realmente significativa. En 1938, en una carta de respuesta a José Ramón Aguirreche, el segundo alcalde franquista de Irun, afirmaban: «Nuestra casa donó 100.000 pesetas al Ejército Glorioso cuando estalló el Movimiento Glorioso». Por si fuera poco, en noviembre de 1936, la agencia aduanera trajo desde París una ambulancia Peugeot de cuatro camas para los carlistas. La Diputación Provincial golpista de Navarra la pagó, a través de Joaquín Baleztena, con 26 000 pesetas.
No estaría de más recordar a José María Berástegui Echevarría cuando se hace hincapié en el «emprendizaje» para llevar a cabo el nombramiento. Él también se dedicaba a la importación de coches, pero los sublevados de Irun se pusieron en el punto de mira y aprovecharon para ello la exposición “Vda. A. Fernández Agencia Aduanera”. En su libro “Historia de una infamia” se explica que el argumento principal de la persecución en su contra era la «eliminación del competidor». «Se llevaron a la lucha los procedimientos propios de los villanos», dijo.
La relación entre Josefina Urtizberea y Santiago Fernández y la imputación de todas las culpas a su hijo puede ser un contraargumento a todos estos hechos. Sin embargo, como está escrito, «a pesar de ser mayor, Josefina iba a su oficina todos los días, controlando la empresa que logró levantarse». Poco se puede añadir después de leer algo así.
Estos hechos son incompatibles con el hecho de ser una «figura significativa»; no digamos con los principios sobre los que se basan las políticas de memoria de la ciudad. No es posible realizar este reconocimiento. Eso mismo dijo Kepa Ordoki – Memoria Histórica en el Bidasoa en abril. Han pasado cuatro meses y no ha habido respuesta. Es decir, el avestruz no ha sacado la cabeza del agujero.
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