Kolore biziak. Colores vivos.
Me gustaría escribir algo respecto a lo acontecido desde el asesinato de Alí Napoleón el pasado domingo día 2 de marzo. Sobre todo me gustaría quedarme en la respuesta de sus amigos manifestándose todas los días desde el mismo lunes y la lentitud con la que hemos reaccionado desde los diferentes colectivos. Pero sobre todo quiero, como decía Adiskidetuak en su comunicado, hacer "un llamamiento a la reflexión a toda la sociedad para que hechos como el acaecido, no sirvan para alimentar conductas racistas y xenófobas." Que nos sirva para mirarnos muy adentro, como personas y como sociedad y preguntarnos ¿somos personas racistas? ¿somos una sociedad racista? ¿somos personas xenófobas? ¿somos una sociedad xenófoba?
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Cuando era niño, el repartidor de leche pasaba cada mañana por mi casa en su cuatro latas azul. Él mismo era quien había ordeñado a la vaca. Mi madre compraba leche directamente del productor, y era algo de lo mas normal. Recuerdo las marmitas plateadas donde iba y venía la leche cada mañana, golpeándose las unas con las otras en el maletero del cuatro latas. A mi hermano nunca le gusto la leche, a no ser que tuviese una tonelada y media de colacao. Tampoco podía probar las vainas. Esas vainas que nos preparaba mi madre, crujían y sabían a huerta. Pero mi madre no compraba a un casero ni nada de eso. Mi madre compraba en la tienda de abajo. Cuando llegó eso que se llamó globalización, sin darnos cuenta todos los vegetales empezaron a perder sabor. Igual fue la ciudad que se volvió laberinto y por sus pasillos se nos perdió en sentido del gusto. Así los vegetales y su sabor, se nos perdieron por la ciudad.