Lo que nos jugamos con «Sentinelle»

Fronera francesa y Hendaya. Puente Avenida de Irun. Años cincuenta / Colección Joaquín Cárcamo.

Sin duda un elemento que ha condicionado y condiciona la vida de nuestra comarca es la frontera, para bien pero sobretodo para mal. Los y las más viejas del lugar tuvimos el placer de celebrar la apertura de esta frontera en los años noventa del siglo pasado. Sin embargo, en estos últimos años se nos ha recordado que esto no es más que un espejismo ya que al menos esta frontera no está abierta para todas las personas. Y lo hemos aprendido por las malas, con más muertes a su paso.

Mientras este año se ha vuelto a hablar con cierta frivolidad de la culebra veraniega del colapso circulatorio, que tiene su importancia pero no es el momento de hablar de él, y el impacto que ha tenido o no en dicho colapso el hecho de encontrarnos con las peculiaridades de nuestra comarca “rota” por una frontera entre dos Estados y la reciente reanudación de la llamada “operación de control fronterizo «Sentinelle»”, no se ha hablado de cuales están siendo las terribles consecuencias de dicha operación. Unas consecuencias que no solo afectan a las personas migrantes que desean seguir su trayecto a la “vieja y podrida Europa” y cuya racista justificación para dicha operación ha sido precisamente impedir este tránsito, sino para todas las personas que transitamos entre las ciudades de nuestra comarca.

Podemos constatar estas terribles consecuencias no solo para las personas migrantes que desgraciadamente hemos podido comprobar estos años atrás con devoluciones en caliente en el entorno del Puente de Santiago y FICOBA y como última y atroz consecuencia la muerte de nueve personas, sino también para “los y las buenas ciudadanas de derecho de esta vieja y podrida Europa”.

Y es que si por el hecho de subir a un autobús interurbano para ir a sentir el mar y contemplar “la belleza de un par de gemelas” acaba tu número de identificación en una base de datos de no sé sabe que estamento policial francés nos estamos jugando más de lo que nos pensamos. Si hay controles 24/7 y te piden identificarte, perdonar nuestra ingenuidad pero igual es que esa frontera que se abrió en los finales del siglo pasado vuelve a estar cerrada, al menos parcialmente. Y no parece que vaya a tardar mucho en cerrarse totalmente para las personas pues para las mercancías ésta parece que continuará bien abierta.

Todo esto no está alegado de la ola fascista y racista que invade una vez más la “la vieja y podrida Europa”, más bien es una consecuencia más de ella. Debemos recordar que este verano se cumplen 49 años desde que los fascistas no solo no pasaron sino que se quedaron. De todas depende que esta vez ni pasen ni se queden, en ambos “lados de la muga”.

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