"Si a nosotros nos han tratado así, qué no van a hacer dentro de la prisión"

 Un momento de la concentración en Vitoria. Foto: Argia.

Zigor Olabarria Oleaga. Argia.- La semana pasada el irundarra Oroitz Herrero, de 26 años, fue hallado muerto en su celda de la cárcel alavesa de Zaballa. Según el Gobierno Vasco se trató de una "muerte natural". Los familiares de la joven han declarado a ARGIA, sin embargo, que Herrero no ha sido atendido adecuadamente a pesar de su petición y a pesar de las dolencias cardíacas que padecía, estaba tomando varios medicamentos sin los controles necesarios. También han denunciado el trato que han dado a la familia la cárcel y el Gobierno Vasco una vez fallecido Herrero.

La asociación alavesa Salhaketa ha convocado una concentración de protesta por la muerte este martes al mediodía en la plaza Nuestra Señora de Gasteiz. La asociación recuerda que hace dos años que el Gobierno Vasco asumió la competencia de prisiones y que Herrero es la cuarta persona que fallece en prisión: tres en Zaballa, y uno en Martutene de Donostia. A la concentración han acudido familiares del preso de Irun, donde han hablado con Argia.

El hermano de Oroitz, Garikoitz, ha aguantado las lágrimas a la hora de explicar lo vivido desde su muerte. "No sabemos casi nada", ha repetido varias veces, una semana después de la muerte de su hermano. Garikoitz recibió la llamada de la prisión el martes 6 de febrero y apenas le dieron datos. "Que por la mañana no se levantó, que le fueron a buscar al calabozo, y que estaba cadáver pero todavía caliente". Pasada una semana, ha hablado dolida del trato que están recibiendo desde el primer momento desde la cárcel y desde el Gobierno.

"Si fuera al veterinario a recoger el cadáver del gato me darían un trato mejor"

"Siempre hemos tenido que estar nosotros detrás de ellos, ninguna explicación, todo para hablar con seguridad y este tipo de comentarios", explicó. En los dos primeros días ni siquiera se supo dónde estaba el cuerpo, "fue un caos". El cuerpo fue trasladado a practicarle la autopsia antes de ser visto por la familia. "Cuando terminaron no nos avisaron de que podíamos coger el cuerpo ya, nosotros nos enteramos al llamar". Eso fue dos días después de la muerte, "si hubiéramos llamado en cuatro días habría estado allí cuatro días", dice su hermano.

En términos similares se ha expresado otro familiar (que prefiere no identificarse), visiblemente enfadado. Se acercó al centro penitenciario junto a otros familiares para recoger las propiedades de Oroitz. Un funcionario les dio todo en una bolsa. "Toma". Ni una explicación, ni un "lo sentimos", nadie en nombre de la cárcel se acercó a preguntar cómo estábamos. "¿Cómo es posible? Si fuera al veterinario a recoger el cadáver del gato, me darían mejor trato". Ha señalado que el mundo penitenciario le es desconocido, pero las vivencias de estos días le han hecho reflexionar: "Si a nosotros nos han tratado así, qué no van a hacer dentro de la cárcel".

Dicen a la familia que les darán el resultado de la autopsia “quizás” dentro de un mes. “No sabemos todavía nada, esperar y esperar, todo son excusas”, dice su hermano. Mientras tanto, "no tenemos ni el certificado de que ha muerto". A pesar de las trabas, el cuerpo de Oroitz fue llevado por fin a Irun, donde fue despedido en familia. “Estamos mal, no sabemos ni cómo estamos”.

Medicalizado sin control

El hermano Garikoitz y otros familiares también han hablado del estado de salud de Oroitz y de la atención que le han dispensado en prisión. Oroitz, que padecía problemas cardíacos, ha explicado que fue operado del corazón cuando era un niño y que estaba a la espera de una cirugía a raíz de una fístula. A eso hay que añadir las apneas. Antes de estar en Zaballa estuvo en Martutene y, según cuenta su familiar, una noche estuvo a punto de morir por apnea. "Menos mal que el compañero de celda se dio cuenta, pero estuvo tres días en coma".

Con este perfil, ambos aseguran que el centro penitenciario le suministraba un montón de medicamentos: le subieron mucho la dosis de metadona que tomaba voluntariamente para calmar el dolor de una fístula, además de ansiolíticos y antidepresivos. "De dormir, de despertar... Un cóctel", dice Garikoitz, quien añade que últimamente se le suministraban medicamentos cada vez más fuertes.

"Si no han tenido en cuenta la apnea o los problemas cardíacos y le han dado pastillas a un niño como dulces, tendrán alguna responsabilidad"

Hacía tiempo que Oroitz pedía cita con el médico por los dolores, pero su familiar ha denunciado que en vez de administrarle le aumentaban las dosis de los medicamentos, de lo que Oroitz se quejaba. "Si no han tenido en cuenta la apnea o los problemas cardíacos y le han dado pastillas como dulces a un niño, alguna responsabilidad tendrán", dice. A través de las familias de los presos les ha llegado la noticia de que algunos presos creen que le mató una arritmia por pastillas, pero no lo saben. Eso mismo denuncia el familiar: "Si no te dan ninguna explicación, empiezas a darle vueltas y vueltas a la cabeza".

En el peor momento

Oroitz tuvo en el pasado problemas de salud mental y consumo de drogas. "¿Qué hace una persona con este tipo de problemas en prisión?", dice el familiar. En cualquier caso, la familia asegura que en los últimos meses se encontraba "muy bien". El domingo anterior a la muerte fueron sus amigos a visitarle, "nos dijeron que le habían visto muy bien, muy bien de ánimo, que todo lo que decía tenía sentido", explica su hermano. Al parecer, también estaba evolucionando favorablemente a los ojos de la cárcel, ya que el mismo día en que los familiares han hecho declaraciones a ARGIA, Oroitz tenía programada su primera salida. "Teníamos muchas esperanzas", dice su hermano, que sigue sin poder asimilar lo sucedido.

Publicado originalmente en euskera en argia.eus

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